miércoles, 17 de marzo de 2010

(C.E.P.Y.T.Q.A.L.R.D.U.G.T.L.S.)

Ya tenía la máquina lista. Sólo restaba tener listas las ganas.
Pasaron ciertos días hasta que, después de anoche, golpearon la puerta
y me dejaron una extensión de vívora en las manos.
Ya era tarde para almorzar, pero muy temprano aún para la cena, así que,
entredormido y sólo, me puse en acción . Pero no pasó
más de un metro y noté problemas en la sangre del reptil,
lo que me obligó a detenerme para efectuar una transfusión
desde una vívora muerta.
Un poco menos entredormido, pero igual de solo,
volví afuera y continué mutilando árboles de bolsillo.
Una vez culminada la tarea, apilé los despojos en el fondo de un agujero
de cien litros. Para , más tarde, exparcirlos más lejos.
Pasaron: mañana, pasado, traspasado y empezó la lluvia y duró tres días
y ellos permanecieron allí. Adentro para que no se mojen.
Pero quién iba a imaginar que entre los restos de aquella vida
habitaría un grillo que cantase toda la puta noche, y el mañana a la noche
y el pasado mañana a la noche y así hasta la llegada de su muerte.
Hoy devolví la máquinaria y él continúa allí, esperándola.

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