No confíes en mí si te digo,
convencido, que la luz de la heladera
se sostiene y queda en pie una vez cerrada la puerta.
Mejor azómate y entra en ella
y descúbrela por medio
de tus propios ojos.
Si te digo que el pozo que cavé no tiene final,
no te lo creas.
En realidad lo tiene,
y en él te espera una interminable hoya de oro.
Cuando yo te diga,
sin levantar los ojos,
que tus zapatos se han desatado.
No te inclines, corre,
corre veloz y despreocupado,
y si tienes tijeras, mejor.
No me creas si te digo que
el vino está envenenado,
lo digo para no compartirlo.
Arráncalo, con toda tu vehemencia,
de mis manos ambiciosas,
y no me dejes ni una sola gota.
Pero si te digo que sí,
que puedes confiar en mí,
confía ciegamente.
Y acompáñame corriendo.
Corriendo a mi lado.
Y si aún conservas las tijeras, mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario