miércoles, 17 de marzo de 2010

Confianza.

No confíes en mí si te digo,

convencido, que la luz de la heladera

se sostiene y queda en pie una vez cerrada la puerta.

Mejor azómate y entra en ella

y descúbrela por medio

de tus propios ojos.

Si te digo que el pozo que cavé no tiene final,

no te lo creas.

En realidad lo tiene,

y en él te espera una interminable hoya de oro.

Cuando yo te diga,

sin levantar los ojos,

que tus zapatos se han desatado.

No te inclines, corre,

corre veloz y despreocupado,

y si tienes tijeras, mejor.

No me creas si te digo que

el vino está envenenado,

lo digo para no compartirlo.

Arráncalo, con toda tu vehemencia,

de mis manos ambiciosas,

y no me dejes ni una sola gota.

Pero si te digo que sí,

que puedes confiar en mí,

confía ciegamente.

Y acompáñame corriendo.

Corriendo a mi lado.

Y si aún conservas las tijeras, mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario