Hasta la mano izquierda
del lado derecho.
Un ojo en cada mano.
Un débil resto de piel ajena bajo tus uñas.
La tráquea notablemente apuñalada.
Tragaste más que palabras y dientes esa noche.
No hubo pulgada alguna que
no haya sentido el primer encuentro con el acero brutal.
Te han juntado así como a un vaso roto
y te han dado una tranquila y profunda morada.
Han pasado ya tres noches desde que despertaste.
Ahí abajo.
Donde el tiempo va a paso lento
y el dolor invade cada paso.
No pudiste pedir auxilio.
No pudiste siquiera arañar tu nuevo cielo.
Está oscuro.
Y en la oscuridad esperas.
Desesperado.
Un metro y ochenta centímetros
te separan del suelo que alguna vez pisaste.
Un minuto y mil lágrimas
te separan de la temida muerte.
Muerte que hoy ansías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario