jueves, 18 de marzo de 2010

Horizonte.

Obtienen acceso al vespertino horizonte
Nubes.
Más nubes que estrellas.
Una de piedra, compuesta por vapor de suelo.
Dos más, negras.
Con cierto aire nocturno, se sujetan al vapor
Y a la tarde agonizante.
Humo en el horizonte.
Humo rojo.
Rojo fuego.
Rojo sangre.
Sangre al rojo vivo.
Se incendia el horizonte.
Se quema, se carboniza.
Se muere toda partícula de paraíso presente entre las nubes.
La espuma traga, lento, el último sorbo de mar.
La tierra se abre, se parte, grano por grano.
Se hunde la espuma en la tierra.
La sal cauteriza la herida infrainfingida.
Amanecen los fantasmas del último día girando en espiral.
Se invierten las constelaciones de la híper bóveda.
Todo al suelo.
Al suelo toda imagen.
Al suelo la luna gastada.
Al suelo el horizonte.
Cae, piedra por piedra, la última nube.
Y junto con ella, la última estrella…

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