Ha muerto otro ocaso,
la ciudad se duerme,
la noche acecha bajo las luces
y la brisa empuja, suavemente,
a través de las esferas del tiempo
Llueven círculos de bruma, caen,
atraviesan los ángulos
y se hamacan bajo ellos.
Bajo las cruces, los objetos cobran muerte
y la noche los entierra bajo el cristal;
hielo turbio, roca celeste.
Y la sed inunda, recorre;
anida y desemboca en los ojos gastados
de aquellas blancas paredes
que el tiempo vuelve escombros,
que se van con la vida.
Que llega y se vuelve a ir
Espantada, como un ave,
por los toscos ademanes de los que nos ahogamos.
Al igual que las flores en primavera,
todos estamos muriendo
y gastamos nuestros ojos
corriendo tras el adiós;
frío adiós.
Adiós de invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario