jueves, 18 de marzo de 2010

Invierno.

Ha muerto otro ocaso,

la ciudad se duerme,

la noche acecha bajo las luces

y la brisa empuja, suavemente,

a través de las esferas del tiempo

Llueven círculos de bruma, caen,

atraviesan los ángulos

y se hamacan bajo ellos.

Bajo las cruces, los objetos cobran muerte

y la noche los entierra bajo el cristal;

hielo turbio, roca celeste.

Y la sed inunda, recorre;

anida y desemboca en los ojos gastados

de aquellas blancas paredes

que el tiempo vuelve escombros,

que se van con la vida.

Que llega y se vuelve a ir

Espantada, como un ave,

por los toscos ademanes de los que nos ahogamos.

Al igual que las flores en primavera,

todos estamos muriendo

y gastamos nuestros ojos

corriendo tras el adiós;

frío adiós.

Adiós de invierno.

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