No. Sí, seguro. No lo creo.
No tengo la menor idea.
No sé de qué me hablas.
Posibles respuestas ante
el apuro del corpulento imbécil.
¿La imbécil?
La imbécil.
¿La puta rosa?
¿Otra vez?
¿Un e-mail de quién?
Discúlpame, pero no sé
de quién me estás hablando.
Vos y tu voz están gravemente confundidos.
Yo no tengo nada que ver.
Ni nada para habla.
Mejor cierro ojos y boca.
Y espero.
Mejor espero a mi turno.
Mejor espero que alguien está de espaldas
Para enterrarle, palabra por palabra,
la verdad.
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