Recuerdo que siempre confundías
las ilusas confusiones
con confusas ilusiones;
los incestos con los arásindos;
los paseos fugaces
con voraces pasajeros;
o peajes con barreras
con barrenas impagables.
Y que volábamos, como el tiempo,
mientras nos divertíamos.
Volábamos juntos y él se entretenía
plantando cruces en la tierra virgen.
Y sobrevolábamos los panteones
que confundías con bastiones
y entrabas y permanecías
toda una muerte.
Y veías el alba,
que no era blanco, sino azul alba.
Pasábamos juntos a través de las
inmaculadas vidrieras y volvías a perderte
entre los pentagramas.
Y confundías los does sostenidos
con res bemoles.
Y con reses ,y resets,
y playes, y estopes.
En VHS, o bien, en VCD, o DVD.
Cierta vez, en Mp3,
dijiste lo que creías haber dicho
pero no dijiste nada.
Nada, y confundías nuevamente,
tu silenciar, con natación olímpica.
Y creías en el Olimpo
y en la navidad,
que confundías con ritos reales.
Y volvías a errar sin heraduras
al asociarlos a la realeza.
Y a ella con ilusos confusos.
Y a mí, con un voraz pasajero
perdido entre la certeza.
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