miércoles, 17 de marzo de 2010

Confuso.

Recuerdo que siempre confundías

las ilusas confusiones

con confusas ilusiones;

los incestos con los arásindos;

los paseos fugaces

con voraces pasajeros;

o peajes con barreras

con barrenas impagables.

Y que volábamos, como el tiempo,

mientras nos divertíamos.

Volábamos juntos y él se entretenía

plantando cruces en la tierra virgen.

Y sobrevolábamos los panteones

que confundías con bastiones

y entrabas y permanecías

toda una muerte.

Y veías el alba,

que no era blanco, sino azul alba.

Pasábamos juntos a través de las

inmaculadas vidrieras y volvías a perderte

entre los pentagramas.

Y confundías los does sostenidos

con res bemoles.

Y con reses ,y resets,

y playes, y estopes.

En VHS, o bien, en VCD, o DVD.

Cierta vez, en Mp3,

dijiste lo que creías haber dicho

pero no dijiste nada.

Nada, y confundías nuevamente,

tu silenciar, con natación olímpica.

Y creías en el Olimpo

y en la navidad,

que confundías con ritos reales.

Y volvías a errar sin heraduras

al asociarlos a la realeza.

Y a ella con ilusos confusos.

Y a mí, con un voraz pasajero

perdido entre la certeza.

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