jueves, 18 de marzo de 2010

No me arrepiento.

Caía, desbordaba la línea el aire saturado

de ceniza, remanente del tiempo.

El fuego me rodea pero sólo frío siento,

y no me arrepiento de haber callado.

La línea se derrite, se apaga.

Muere ante el viento, es devorada.

El fuego se enreda en mi cuello,

y aún no me arrepiento de nada.

No me arrepiento de haber gritado,

ni de sentir lo que siento.

Pero mis ojos, dorados,

siguen llorando por dentro.

El cristal no se ha partido, aún no ha muerto.

Aunque no brilla, está vivo.

Lo que digo, lo que siento; lo que callo, lo que pierdo.

Lo sostienen en el aire que cabalga sobre el viento.

Viento de paz, de distancias, de arena.

Gusto amargo el que lleva el viento.

Y yo nunca me arrepiento de recordar esas penas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario