miércoles, 17 de marzo de 2010

No respondo.

No soy el que queda exhausto por esperarte.
No me canso de buscar maneras de aburrirme.
Ni de dejar pasar mis esperas entre el hielo nocturno.
Siempre es repetida la socavadora acción
y siempre vuelven las palabras electrónicas.
Cada pulso electromagnético es un paso a la espera.
Cada cruz en el registro vuelve más hondo el sentido.
Nave que no se hunde.
No aterriza.
No conoce superficie.
Y yo no conozco amarizaje brusco.
Pero algo vuelve desde nunca
y se va de proa, al siempre.
Y yo vuelvo, desando y repito entre rojas puntas
el mismo No.
Ni por nada.
Porque no soy quién para tragar tu dolor.
Ni soy algo que puedas obtener a cambio de lágrimas.
Porque no voy a estar cuando menos me necesites.
Ni cuando te duela en el alma una ausencia ajena.
Pero hoy no pienso escapar del blando amarizaje.
No tengo, pero deseo.
Y deseo aparte, es de otorgarte la creciente advertencia.
Y en cuanto te tomes el atrevimiento de aterrizar frente a mí...
No respondo de mis actos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario